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Palabras inaugurales

Aprender a hablar de lo que hacemos parece una tarea menor y, sin embargo, las palabras hacen mucho. Dan forma al mundo que habitamos, permiten que algo sea dicho o en su defecto lo silencian. También estructuran nuestras expectativas, hacen articulables nuestros deseos, proyectos y ambiciones. Y es difícil pensar en una identidad, por más porosa y fluida que sea, que no necesite ser nombrada de alguna manera.

Iniciamos esta nueva etapa de Family Affair con la intuición de que se volvió totalmente necesario emprender una crítica respecto de los modos en que comunicamos y comprendemos lo que hacemos. Sentimos que el lenguaje con el que pensamos la música, nuestra relación con ella y nuestras actividades en torno a ella es muchas veces un lenguaje implantado, foráneo, que falla a la hora de conectarnos entre nosotrxs, con nuestrxs hermanxs y nuestro entorno. Hablamos la lengua de la colonización, una lengua que moldeó nuestros deseos y expectativas a imagen de un canon global que nos es ajeno.

Buenos Aires, al igual que otras ciudades hermanas del Sur, es un proyecto cultural paradójico y trunco. Un archipiélago hiperconectado, antena de influencias, y al mismo tiempo una máquina precaria, siempre fallida, máquina de impedir. Adoptar el lenguaje del éxito cruel que destila desde los centros del norte, el discurso que asimila la figura del artista a la de un emprendedor exitoso o a una estrella del deporte, solo puede traernos soledad, frustración y complejos de inferioridad. Esos modelos de realización que promueven los festivales, plataformas onlines, clubes, marcas y demás estructuras del mainstream globalizado no tienen nada que ver con nuestras realidades y posibilidades. Afortunadamente. Y cualquier acercamiento e interés que puedan tener por el Sur, por más bienintencionado que sea, va a encarnar la mayoría de las veces alguna forma de neoextractivismo cultural que proyectará sobre nosotros la mirada curiosa del turista y su paleta exótica.

Desarmar este lenguaje, dejar atrás el vocabulario del marketing o de la competencia individual con las que usualmente se habla de proyectos que son estéticos y colectivos, implicará también descubrir nuevas palabras para valorar lo que somos y lo que hacemos. También para visualizar nuestros propios sueños y reimaginar una tradición musical propia, que no responda a las imágenes folclóricas que se proyectan sobre nuestras geografías.

No buscamos construir una identidad pura y monolítica. Todo lo contrario. Nuestro pasado y nuestro futuro son una anomalía –una anacronía–, y nuestro lugar de origen una interzona mestiza. Nos identificamos con las mutaciones, las influencias torcidas y las bifurcaciones más impensadas… con el tráfico de información, las copias apócrifas y las descargas pirata. Precariedad y sofisticación, tecnoprimitivismos y futurismos ancestrales, ciudades, valles, baldíos, galpones, desiertos y redes. Esto es una invitación.

Fotografías por Gonzalo Arredondo

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